Dualidad

En los caminos iniciáticos, hay varios puntos que son comunes. Uno de ellos es el de salir de la dualidad para aproximarse a la unidad. Si nos salimos del Reiki y sus filosofías y nos adentramos al templo del Rey Salomón (utilizado como símbolo en varias disciplinas), nos hayamos en el ingreso, parado entre dos columnas, y el objetivo es caminar hacia adelante hasta lograr estar en una sola. Es decir, pasar de la dualidad a la unidad.

Si vemos el concepto desde lo biológico, vamos a comprender que la gran habilidad de la mente es comparar. Las cosas se manifiestan en dualidad. Necesitamos de un opuesto, para comprender la otra parte. No sabríamos que el día es día, sin la existencia de la noche; no sabríamos que estamos alegres, sin conocer la tristeza. Para que algo se manifieste, ante nuestra capacidad de percepción, necesitamos de su opuesto.

Esto llevado a un nivel de profundidad fractal diferente se repite en las actitudes, en las causas que perseguimos, en los intentos que realizamos, en los modos en los cuales nos movemos. Por cada cosa que decidimos, hay algo que dejamos a un lado, que pasa a formar parte de nuestra sombra.
Para la expansión de la conciencia, es necesario, salir de esa dualidad e incluir ambos aspectos en una sola cosa. Esta nueva conciencia más expandida nos permitirá, con su logro, resolver conflictos en los que estamos trabados, muchas veces, presos del fanatismo, de las ideologías, de las tantas grietas que se activan entre los seres humanos que defienden sus propios intereses por encima del bien común.

Imaginemos por un instante un par de perfiles opuestos. Imaginemos que vivimos en Londres y que somos fanáticos de los Rolling Stones, al nivel de estar ciegos por ello y que, en consecuencia, odiamos a Los Beatles. Esa, en apariencia, sería una dualidad. No dista mucho esa actitud, a la de ser hincha de un equipo de fútbol o tener una ideología política de izquierda o de derecha. En todos los casos hay sesgo de confirmación, hay selección de la realidad, y muchos factores más que hacen que solo veamos una porción de la realidad y neguemos la otra parte. Desde la posición, no hay chances de llegar a la verdad.
Imaginemos entonces, que estamos discutiendo con otro fanático de la vereda opuesta. Discutimos sobre que banda es mejor. Cada quien utilizará una argumentación acorde a su posición, e independientemente de la verdad le va a dar mayor relevancia a lo que fortalezca el propio argumento. Por ejemplo, los Stones han permanecido más tiempo en el escenario juntos, por lo cual quien defiende esa posición, le dará una relevancia enorme a esa particularidad. Quien defiende a los Beatles, va a ningunear esa situación y le va a dar relevancia a haber sido los primeros en tocar en un estadio.

Ninguno de los dos se va a poner a pensar, si para determinar quién tiene razón (si es que tal cosa existe), es imprescindible tal o cual condición. Si ambos discutieran acerca de la importancia que tiene ser el precursor en algo, seguramente quien defiende a los Beatles, aunque no se toque ese tema, defenderá esa postura, porque existe detrás de la defensa de ese punto, un interés personal que está por encima de la verdad y su búsqueda.

El hecho de defender una posición deja a quien la ejerce, parado en armas, por consiguiente, inmóvil, inalterable, no aparece la duda, no aparece el diálogo, no hay forma de razonar con una persona así. En el intercambio de ideas, no se busca la razón, se USA la razón.

Podemos salir de este enredo con expansión de la conciencia. Si en lugar de ver a los Beatles y a los Stones (poniéndonos siempre en el lugar del defensor de los Cantos Rodados), viéramos a bandas de rock inglesas, allí incluimos a las dos e incluso a Sex Pistols. A partir de allí, hablaríamos de que las bandas de Inglaterra, son las mejores del Reino Unido. Pero, si subimos aún más y hablásemos de las bandas de Reino Unido, incluiríamos a AC/DC y a U2 y nos enfrentaríamos todos juntos a las bandas norteamericanas.

Podríamos incluir a las norteamericanas y juntos hablar del Rock en inglés. Podríamos subir aún más y hablar del Rock como movimiento social y cultural en el mundo, y en ese terreno podríamos tener a bandas en español y hasta en croata o en japonés, y las pondríamos al mismo nivel, y allí nuestros némesis serían el resto de las expresiones musicales, como la cumbia o la ópera. Aunque también podríamos hablar de la música como expresión del arte. Y si seguimos subiendo pasaríamos a hablar de arte en general o más expandido aún, de expresiones creativas humanas.

Si logramos llegar a este punto, veremos como la discusión inicial pasa a carecer completamente de sentido. Desde ese lugar incluso, si podríamos discutir sobre la importancia de la permanencia en el tiempo de un conjunto música o de llegar primeros a algún lado, liberados del interés personal.
De eso se trata salir de la dualidad. Ese es uno de los objetivos de expandir la conciencia. Si pudiéramos tan solo hacer el esfuerzo por salir de nuestra zona expandiéndonos a un grado de percepción mayor, vamos a darnos cuenta que no somos tan distintos. Que tanto los Stones como los Beatles no son más que expresiones del mismo péndulo y que en cada espacio donde tomamos posiciones, solo nos encontramos oscilando, y a veces salirse de un lado, nos pone en el otro. Estar en el medio tampoco es una gran idea, ya que la verdad no necesariamente (y casi nunca), está en el medio. Una mujer no está medio embarazada, y si dos médicos discutieran desde su percepción y sin datos concretos, si lo está o no, la respuesta no va a estar jamás en el medio, ya que uno de los dos estará en lo cierto y el otro no. En ocasiones pasa, en otras no, en general la verdad está allí para ser descubierta y solo quienes se aíslan de sus propios prejuicios, estructuras sociales y mentales, pueden acceder a una porción de ella y muy difícilmente a la totalidad.

Hay quienes afirman que buscar el centro es lo mejor, sin embargo, me voy a permitir disentir en este punto y con ese viejo refrán. No se trata de estar ni de un lado ni del otro del péndulo, tampoco de buscar el medio… se trata de dejar de ser el péndulo y convertirse por un instante en el dedo que lo mueve, al menos, en una primera etapa.