Caminar hacia la luz
  • Mucho se ha hablado de la simbología que tiene la luz en muchas disciplinas y en muchas culturas. Entre todas siempre coincide algo, que tiene que ver con el acercamiento a lo superior, con una elevación de la conciencia.

    La luz nos permite ver, distinguir, percibir con el sentido con el cual mas emparentados estamos que es la visión, para lo cual utilizamos el 30% de nuestro cerebro. La luz es símbolo de la verdad, por ende de conciencia.

    Si miramos a la naturaleza vamos a ver que las hojas de las plantas siempre buscan la luz del sol, símbolo sagrado para cualquier cultura.

    Siguiendo esta línea de pensamiento podemos ver que en nuestro desarrollo personal, y en esa ¨búsqueda¨ de luz hay un camino que hay que recorrer.

    En principio nos enfrentamos con el dolor que nos imprime el enfrentarnos a la luz. Cuando una lámpara muy de golpe se nos prende de frente, tanta luz nos encandila y nos oculta en lugar de mostrar. Nos duelen los ojos en ese momento, ya que las pupilas necesitan adaptarse a esto. Pasa exactamente lo mismo cuando nos enfrentamos a una verdad, requerimos un tiempo de acostumbramiento para el mismo, que a veces se manifiesta en lo físico, a veces en lo emocional y casi siempre, por no decir, SIEMPRE, es molesto. Una vez que este proceso de adecuación termina estamos mejor que antes, podemos ver con más claridad, ya que ahora tenemos MAS LUZ.

    Ahora bien, la luz que se nos presentó está arriba y a una cierta distancia. Y además de eso, tenemos que tener en cuenta de que estamos en un plano dual, en el cual comprendemos y vemos las cosas por oposición. Sabemos que existe el día, y le ponemos ese nombre, porque tenemos una noche. Tenemos el concepto del ¨bien¨, porque conocemos el ¨mal¨. Necesitamos los opuestos para comprender. Al estar parados dispuestos a caminar hacia la luz, tenemos lo que se ve de nosotros, al frente e iluminado, es lo que vemos y lo que ven los demás. Pero por detrás nuestro está nuestra sombra, que es parte nuestra también. En nuestra sombra está toda nuestra parte oscura, todo lo que no queremos ver, o que se vea. Lo que no queremos ser.

    Un ejemplo simple de esto podrían ser las partes de las decisiones que no tomamos, pero que no dejan ni dejarán nunca de ser parte nuestra, como el decidir de qué equipo somos, cual es nuestra identidad política, o miles de otras cosas que tendrán un igual y opuesto manifestado en nuestra sombra.

    Si en el momento en el que estamos allí nos dedicamos a enfrentar la sombra, automáticamente nuestra espalda quedará iluminada y nuestro frente se convertirá en sombra. Nos convertimos en exactamente lo mismo que creemos que estamos combatiendo. Es el ejemplo de los pacifistas que se enfrentan a los que creen que son sus opuestos y lo hacen de forma violenta. Es el ejemplo de gobiernos que combaten el terrorismo de estado desde el estado y con herramientas distintas pero generando terrorismo. El enfrentamiento, la lucha, la pelea te convierte inevitablemente en LO MISMO que estás combatiendo.

    La competencia, la lucha, la pelea, son conceptos antagónicos a un camino hacia la luz. No sirven, solo derrochan energía muy valiosa y necesaria para caminar y elevarse. No hay, no existe lucha que sea válida si lo que queremos es luz.

    Si ahora prestamos atención a que sucede cuando en lugar de darnos vuelta y enfrentamos a la sombra, caminamos hacia la luz. Es sorprendente el resultado, pero la sombra se va achicando, hasta que solo queda debajo de nuestros pies un residuo mínimo de la misma. Si nos alejamos de la fuente, y en la medida en que lo hagamos, por oposición la sombra será cada vez mayor. Solo hay un camino posible a la luz, y es sin desvíos, caminar hacia la fuente.

    Es simple, la sombra es mas grande en la medida que nos alejamos de la luz, y la aquella es mas chica si nos ponemos debajo de la misma.

    El proceso posterior es más complejo, ya que influye sobre los demás. En estos caminos uno si bien se va sintiendo solo, siempre es acompañado, siempre hay quienes están alrededor, somos parte de un todo y eso es algo a tener siempre presente por lo cual en el camino no podemos aislarnos y pensarlo solo por nosotros mismos.

    Cuando uno empieza a elevarse hacia la luz, debajo de uno se va a agrandar la sombra. Es la parte más difícil de la transición. El viento se va poniendo más fuerte en la medida en que uno sube y obviamente también uno se va sintiendo más solo, y por debajo sombra.

    Es muy común que quienes estén abajo en ese momento vean esa sombra y se sientan oscurecidos por la misma. Allí está la decisión de ellos. Allí hay muchas veces una cuestión de esperanzas. Porque si quien está caminando de cerca se da cuenta que hay alguien que se está elevando y es probable que ese proceso lo vaya incomodando. Quien asciende puede sentir esto también y puede que eso lo haga trastabillar y volver a la posición anterior.

    Y en el Universo todo funciona correctamente y cada cosa termina estando en su lugar. Quienes acompañen el proceso de otro que se está elevando y tomen esa enseñanza, comprenderán que el ¨Sensei¨, conoce el camino y a pesar de las dificultades, mostrará como llegar y ayudará a otros a recorrerlo.

    Quienes por el contrario decidan paradójicamente ¨deslumbrarse¨ o ¨encandilarse¨ con esa oscuridad quedarán en la tierra y se convertirán en abono de ese camino.

    Con el proceso concluido, quien se eleva se convertirá en luz, iluminará por si mismo, sin necesidad de tomar nada de nadie, porque es parte de esa misma fuente. Habrá en el medio algunos que ¨corten y peguen¨ que estarán en el proceso de seguir ese mismo camino ya marcado por alguien que lo ha recorrido pero que aún no se animan a seguirlo, pero son buenos habladores y tan solo se encargan de repetir. Son los que generalmente se convierten en plantas, arraigadas al suelo con las hojas buscando la luz, pero que no sacan sus raíces de la tierra. Estarán los que sigan el camino y se conviertan también en la fuente. Estarán los que lleguen desde otro lado, desde otra orientación. Y estarán los que se convirtieron en abono, que se quedan en el camino y encandilados por esa ¨oscuridad¨ que en algún momento estuvo se desorientaron y pasaron a formar parte de la tierra. Ellos tienen una función también, son abono porque su mala experiencia sirve a los otros para futuros procesos. Son los ejemplos de lo que no se debe hacer. Muchos se quedan enfrentándose con sus propias sombras encajados en ella y aún así siguen siendo un importante modelo para el resto.

    Todo, absolutamente todo sirve, y cada quien tiene su función en la gran rueda de la que todos somos parte.

    Más Artículos (Página Inicial)