Ciclos hacia la iluminación

En ocasiones, asistimos a cursos, seminarios, clases, de diferentes y variados tipos, donde se nos enseñan aspectos sobre nuestra vida y el camino a la iluminación o el mejoramiento de nuestro ser. Varias y diversas son las herramientas que nos dan para conocernos a nosotros mismos pero en general todas tienden al conocimiento personal, a una evaluación de nosotros mismos y las ¨curas¨ en las que hay variaciones de disciplina en disciplina.

Cualquiera sea la forma o el sistema de conocimiento y búsqueda interior, ninguna es efectiva sin el uso del tiempo. Si no se mide correctamente el tiempo, y uno se apura, termina tropezándose con cualquier obstáculo adelante; si se es muy lento, uno se acobarda y retrocede, involucionando en muchos casos; y el peor resultado de todos, es clavarse en el piso sin avanzar ni retroceder, lo cual mostraría una ineficacia supina del proceso de iniciación.

Si nos tomamos el trabajo de pedirle a varias personas que cuenten un minuto veremos que para cada una la percepción del tiempo es completamente distinta, solo la casualidad puede dar en algunos casos resultados iguales. Para cada uno de nosotros es diferente incluso, de acuerdo a la situación en la que lo estemos pasando. Vemos que por lo general, el tiempo ¨vuela¨ cuando estamos a gusto en un lugar y es interminable durante el sufrimiento. En todo caso lo que está mas claro es que el tiempo es relativo.

Para comenzar a desenmarañar estas ideas, hay que entender que el tiempo no es un árbol, una casa, una piedra, un rió. No es tangible. Ni siquiera existe un tiempo verdadero.

El tiempo no es mas que una invención del hombre para lograr medir los ciclos que lo afectan. El mayor ciclo natural conocido al momento de la creación del calendario gregoriano era la rotación de la tierra alrededor del Sol, y es por el cual nos regimos en la actualidad. Este ciclo contiene a su vez cuatro estaciones en la mayor parte del planeta en el que vivimos (lo cual no un absoluto, ya que mas cerca del Ecuador esta concepción cambia a solo 3 estaciones de 4 meses cada una). Son también 4 las fases lunares, que si observamos bien tiene aún mas relación sobre un ciclo que el mes del calendario gregoriano, que utilizamos por convención. Partiendo desde la concepción de un ser humano hasta el momento de su nacimiento, transcurren aproximadamente 40 semanas, que equivalente a 10 fases lunares completas. También existen 4 grandes etapas en la vida lineal del hombre la que podríamos dividir en niñez, adolescencia, madurez y vejez. Y también cuatro las funciones en la vida lineal del ser humano que nace, crece, se reproduce y muere. A este sentido de ciclos se lo llama cuaternario. Cada cuaternario a su vez está también dividido por una triada, que podríamos marcar como ascenso, meseta y descenso. Como toda multiplicación el orden de los factores no altera el producto y con cualquier combinación posible entre cuaternarios y triadas tendremos 12 composiciones posibles. Estas 12 porciones que obtenemos, a su vez, se multiplica por dos, y completamos 12 etapas de luz y 12 de oscuridad o ausencia de luz. Estas razones por la cual llegamos a las 24 horas es netamente simbólica y para usos prácticos, porque como bien sabemos, no tenemos la misma cantidad de luz que de oscuridad a lo largo de una jornada completa, a excepción de algunos días en el año, y de acuerdo también a la posición geográfica del lugar en donde midamos esta particularidad. Y tampoco son exactamente 24 horas las que contiene una rotación total de la tierra sobre su eje, sino 23 horas, 56 minutos y algunos segundos, décimas y podríamos seguir eternamente midiendo un día.

En la noche es donde se puede apreciar una de las maravillas de la creación. La Luna, sin luz propia, nos refleja la energía del sol y alumbra con esa luz prestada que nos indica dos cosas. Una que el Sol y la luz, a pesar de la oscuridad, siguen existiendo y la luna es la prueba de ello. La segunda que todo es cíclico.

Existe mucho mas si nos adentramos en nosotros mismos, como es la función de este grado en particular. Nuestro cuerpo experimenta el tiempo debido a reacciones de átomos. Los eventos desarrollados en el exterior se perciben por el reloj interior del cerebro.

La percepción del tiempo de un caracol es completamente diferente. La velocidad química es tan lenta que entre un evento y otro demora hasta 5 segundos. Para un caracol un evento de un segundo es imperceptible en relación al tiempo como nosotros lo apreciamos.

Nosotros podemos percibir situaciones que duran milésimas de segundo como puede ser una picadura de un mosquito pero es demasiada lenta la percepción para poder captar una bala en movimiento al ser disparada.

Cuando esos circuitos químicos neuronales son sacados de juego, la percepción del tiempo se distorsiona también. Es el caso de meditadores que detienen el cerebro y cuya percepción temporal es escasa o nula directamente. O para llevarlo a un plano mas entendible para el común de los mortales, cuando dormimos.

Podemos pasar todo el día sin saber si pasaron unas dos o tres horas, pero mas o menos acertamos con mayor o menor margen de error el tiempo transcurrido. Pero al despertar, sino es por un hábito constante de levantarse siempre a la misma hora, perdemos esa sensación de saber que hora es y cuanto tiempo pasamos en la cama.

Tenemos la ilusión de trasladarnos en el tiempo en una línea recta, que va desde el nacimiento hasta la muerte cuando en realidad el tiempo se parece mas a una esfera espiraleada dejada por la eternidad a la deriva.

Si percibimos el tiempo de una manera cíclica y no lineal, ampliaríamos notablemente nuestra percepción del mismo. Más aún si aprendemos a percibirlo de forma de espiral de adentro hacia fuera y nuevamente hacia la unidad central. El centro del espiral es el tiempo presente. La unidad indivisible hacia donde todo vuelve.

Al tratar de ubicar el tiempo en una dimensión comprensible creamos unidades de medidas como las horas, los días o los años. Un autor, cuyo nombre no recuerdo ahora, dice que el gran error del hombre fue estampar el tiempo en nuestras tres dimensiones, y terminamos dejando de lado ciclos que se escapan a nuestra percepción.

Si seguimos buscando explicar el tiempo, es mas sencillo y mas claro intentar entenderlo como una cuarta dimensión que permite explicar el movimiento. Es decir, esa sensación que tenemos cuando una secuencia de movimientos pasa por nuestro ser para ser comprendida.

El tiempo se produce por virtud del movimiento y porque la mente está intrínsecamente consciente de lo secuencial. Somos conscientes de que algo pasó, de que algo pasa y de que hay una consecuencia para esto que a veces es natural, a veces lógica, a veces predecible y a veces no.

Podemos con los argumentos esgrimidos hasta ahora definir tres clases de percepción de tiempo: La primera de ellas es el tiempo percibido por la mente, que es la conciencia de secuencia, de movimientos y sentido de la duración. El pensamiento organiza la realidad para darle sentido. La segunda es percepción espiritual del tiempo, que es mas una búsqueda de los mismos. De donde venimos, hacia donde vamos. Sería mas fácil de explicar desde el sentido religioso, en el discernimiento del movimiento existente en el camino hacia Dios, o hacia la unidad, o hacia cualquier ente se distinga en la creencia que se profese. La tercera es la percepción que realiza la personalidad tras sus propios discernimientos de la realidad, con la conciencia de la presencia, el aquí y el ahora.

Esta creación humana nos da un poder sin igual por sobre los demás entes y seres de la naturaleza creada. Un animal conoce su pasado y le llega al presente mediante el instinto, el hombre a través de la percepción del tiempo obtiene el poder de la previsión que estriba en la planificación.

A lo largo de la historia el hombre a estudiado el comportamiento de los ciclos, los fue analizando, tratando de comprender para flexibilizarse y adaptarse a ellos. El hombre vio salir y ocultarse el sol, la luna y las estrellas, vio las fases de la luna, las etapas del año, y las fue utilizando para saber en que momento zarpar un barco, en que momento sembrar, en que momento cosechar, cuando abrir las tranqueras para que los animales se apareen sabiendo que el invierno puede matar las crías y el verano otorgarles fuerza y vigor.
Una vez conocido y concientes del poder de la planificación, privilegio que ubicarnos en un día, nos manifiesta en la belleza de su orden y simetría, podemos entender su división en cuanto a la terna básica a saber:

  • Una tercera parte del tiempo relativo, para el trabajo en sociedad, donde el ciclo tiene su comienzo y su final, ya que aquí comienza el día volcando los aprendizajes obtenidos del ciclo anterior.
  • Una tercera parte relativa, destinada al Estudio y la Evolución. O mejor dicho para la búsqueda interior. Tiempo que no tiene menor ni mayor relevancia que el anterior, pero que es consecuencia del mismo y antecesor del que sigue. El camino ideal es aquel en el que no se descansa, tal como lo hizo Pitágoras que hasta el último día de su vida seguía estudiando.
  • Una tercera parte vinculada al descanso.

Como se explicaba antes, durante el sueño, nuestra ala espiritual toma las riendas de nuestro ser y es el verdadero momento en que, luego de transcurrida esta etapa, nos damos cuenta de la relatividad del tiempo. En el sueño, el tiempo no es nuestro. Un sueño que parece de horas en nuestra mente, en realidad duró tan solo un par de segundos o menos. Es cuando pasamos al verdadero estado de atemporalidad. Donde no tenemos control absoluto de lo que nos pasa. En esta etapa, es como que nuestro espíritu, a través de los cambios biológicos y psicológicos que se producen en el sueño, bajando el ritmo de las vibraciones, hacia las finas, tomara fuerza de este plano sutil, para revitalizarse y volver a nacer. Por eso es que ¨saber dormir¨, es también una tarea a aprender. Es morir, para revitalizarse y volver a nacer. Finalizando otro ciclo para dar origen a uno nuevo.

Cada período tiene a su vez su propia etapa de cuaternario y cada uno puede ser interpretado como principio y fin de cada ciclo que se repite una y otra vez, y no debemos descansar en ninguno de ellos ya que las personas progresistas, entre las cuales pretendemos estar y compartimos este espacio para aprender a serlo, deben estar en constante movimiento ascendente. Solo las personas progresistas, las que miran hacia delante y planifican logran convertirse en reales y concientes de su propio ser. Aprender a trabajar mejor llevando al exterior lo que internamente trabajamos. Ocuparnos del estudio permanentemente. Solo logran descansar en plenitud y entregarse a ese espacio temporal sin remordimientos, quienes no guarden culpas, y estén satisfechos por las tareas cumplidas. Este último punto es el que se aplica cuando buscamos el silencio. Aprovechamos la ausencia de sonidos para entrar en estado de alerta y en comunión con todo el universo y en especial con nosotros mismos, para poder aprovechar cada instante, mediante ese entrar en vibraciones finas y sutiles, para que cada tarea que se haga logre brillar y si es posible trascender las puertas de nuestro interior.

El día nos enseña de la presencia de ciclos mensurables. A veces podemos interpretar con mayor facilidad su secuencia y otras esta labor se hace complicada pero debemos siempre ser concientes de que estos, constantemente están presentes. El mismo presente puede ser interpretado como este segundo, esta lectura, esta tenida, este día, este año, este milenio, etc. En cada uno, si nos adentramos, encontraremos que existe un pasado, un presente propiamente dicho y un futuro planificable. El no tenerlos en cuenta para la búsqueda interior nos puede hacer que apliquemos cualquier sistema o disciplina en momentos equivocados, produciendo en ocasiones, daños que quizás hasta sean irreparables. A nadie se le ocurriría hacer una cirugía antes de que la enfermedad aparezca. Tampoco castigar a un perro un día después de que mordió a alguien. Cada momento es único e irrepetible al igual que las oportunidades, por eso no se puede planificar, después de que las cosas ocurrieron. Existen, a grandes rasgos, dos grandes grupos de personas de acuerdo a su relación con el tiempo a futuro:

  • Las que van corrigiendo las cosas a medida que se le van presentando, y se dedican a tapar baches. Son las que te dicen: ¨veamos que pasa¨, dejando la mayor parte de los puntos al azar.
  • Las progresistas, que planifican sus acciones y, aunque no puedan adivinar el futuro, proyectan para armarse y reducir al mínimo humanamente posible, el margen de error. Y claro está que cuanto mayor sea el conocimiento del ciclo, menor la posibilidad de factores como ¨la suerte¨.

Estimado amigo, El hombre en su cercanía al creador, inventó el tiempo con el objeto de progresar y quienes logran armonizarse con él logran su objetivo.

Más Artículos (Página Inicial)