La toma de decisiones

¿Se ha puesto a pensar alguna vez en por qué las escuelas iniciáticas dividen sus procesos en tres etapas?. Claro está que esto tiene su origen en la aplicación de ternarios como primer etapa de aprendizaje hacia todo. El tres es el número por el cual en principio nos da la posibilidad de formar la primer figura geométrica, donde a través de la unión de esa cantidad de puntos obtenemos un triángulo.

En la aplicación práctica del ternario debemos buscar esa suprema coherencia entre el pensar, el decir y el obrar. Esto ya de por si es difícil, el ser humano tiende a juzgar al resto de las personas por sus actos y a nosotros mismos en forma mas benévola por nuestros pensamientos.

Avanzando en esta aplicación de los números mientras progresamos en nuestro camino, le agregamos dos números a la trilogía y llegamos al 5, representado en una estrella o un hombre con su cabeza y extremidades, símbolo utilizado por muchísimas escuelas. Pasados los estudios del segunda etapa llegamos a la superior en donde los números son 7,8 y 9. ¿Por qué tres números? ¿por qué 9 y no 10?.

Para iniciar este estudio tenemos que repasar algunos conceptos. Según Pitágoras los números son cualitativos y no se trata de un continuo cuantitativo infinito, sino determinaciones entre las cuales no existe intervalo infinitamente indivisible. Existe, de acuerdo a esta apreciación una oposición en la cual cada uno de los términos es lo que es.

La Gematría, es la llamada reducción mística, consiste en la reducción de los números sumándole todos los que le anteceden y de esa manera obtenemos en el 7 el nuevo inicio de un ciclo que ha culminado en el 6, el 8 de la regeneración espiritual y la mediación entre el orden natural y el divino. Una particularidad asombrosa de este número es que puede dividirse en partes iguales y de aquí que se manifiesta como el número del equilibrio cósmico. Finalmente el 9 cuya perfección se nota en dos aspectos. Uno explicado por Avicena que decía que todos los números no son mas que el 9 o su múltiplo más un excedente. En efecto si a 9 le sumamos, por ejemplo 1, el resultado será 10, que simplificado será 1. Lo mismo con cualquier otro número primo. Para los hebreos es el símbolo de la verdad ya que al multiplicarlo por cualquier número, la reducción del resultado será siempre 9.

Es importante el preámbulo anterior para entender la perfección del 9, para poder desglosarlo. La forma más sencilla sería dividirlo en 3 ternarios. Empecemos entonces por una de las mas primitivas iniciaciones, la órfica. La iniciación Órfica tenía 3 ternas de principios. La primera comprendía el estudio de la noche (u oscuridad), el cielo y el tiempo; la segunda el eter, la luz y los astros y la tercera y última el Sol la Luna y la Naturaleza. Si bien pensar, decir y obrar no son ternas en si mismas, podrían ser reflejo de cada una de estas.

Si tomásemos Pensar, decir y obrar como un ternario principal y lo acopláramos con un segundo ternario como pasado, presente y futuro, nos daríamos cuenta que surgen otras cualidades, ya que el obrar puede estar en el presente de la acción. Pero además entre el pensar y la acción encontramos el misterioso mundo de las causas y el visible de los efectos. Así finalizamos este primer desglose con un primer ternario de Principios, un segundo ternario de causas o mundo interior de la conciencia y el tercer ternario, propio del maestro de los efectos o acciones manifiestas. De acuerdo a Lavagnini estos 3 ternarios se dividirían en tres frases cuales son: el mundo de la ideación, el de la volición y finalmente la acción.

Estos 3 tres ternarios se unirían en 9 pasos.

  1. Aparece la idea. Se inicia un proceso a través del 1.
  2. La idea se piensa luego de manifestarse. Por ese juego de opuestos que la mente va haciendo
  3. Con la idea pensada se cumple el primer ternario, compuesto por tesis, antítesis y síntesis. Pero esta idea pensada hasta ahora solo está en la mente, y no pasa de allí. Con esto concluimos los principios.
  4. Así avanzamos un paso mas y nos encontramos con que el pensador, o el “yo” quiere determinada cosa, con la idea consumada aparece el querer la expresión o la realización de la misma.
  5. El quinto paso es, a mi criterio, el clave, es cuando el querer se convierte en deseo.
  6. El deseo o voluntad hecho efectivo por medio de la libre elección y determinación individual, transformándose lo pensado en lo querido.
  7. Quien realiza una determinada cosa, después de haberla pensado y querido haciéndose centro de la acción.
  8. La acción de hacer, o sea la actividad en la obra, de acuerdo con lo que se ha pensado y querido y el justo equilibrio entre ambas cosas.
  9. La acción realizada y superada- o sea perfecta y cumplida, - y por extensión todo lo armónicamente realizado: el Magisterio alcanzado.

Este cuadro de realización debería ser el lógico y el normal de un maestro. Qué producirían los desvíos de este esquema, sería la pregunta para entender prácticamente esto.

Hace poco leía unos apuntes de un curso de autoconocimiento. En el mismo se decía que el 90% del hombre está recubierto por Ego, y que ese Ego produce que las personas deseen primero, piensen después y luego ejecuten.

Está claro cuales terminan siendo los inconvenientes de esto. Si vemos un esquema distorsionado, donde el instinto o el deseo parten como principio de la acción, el efecto será egoísta. Es aquí donde nuestro aprendiz en el camino de la iluminación debe aparecer. Creo que hay que cargar nuestra mente de varias preguntas. ¿Lo que voy a hacer lo pensé antes de sentirlo? ¿lo que voy a votar, en este momento, es lo mejor para la orden, barrio, ciudad, provincia, país o universo; o simplemente es un deseo personal de que las cosas se hagan como yo quiero?. Cuando voy a proponer una idea, esta ¿surge de un pensamiento sensato o porque esa idea es la mas conveniente para mi? Si me postulo para un puesto o un cargo ¿es por qué sé que es lo mejor para la institución o por una ambición personal?.

Solo la práctica hará que esto pueda ser cumplimentado. El caso inverso refleja muchas veces Deseos perfectamente, y hasta, a veces, hermosamente disfrazados de buenas ideas o buenas intenciones.

Hay varios autores que este esquema lo reflejan en el tarot. Yo voy a hacer una analogía respecto al esquema y al orden de las cartas del tarot en el aspecto que mas me interesa destacar que parece la esencia de las ideas. Los primeros 6 arcanos nos muestran Al Mago (iniciador de la idea), la Papisa (cuidadora del templo), La emperatriz (síntesis de los dos anteriores), el emperador (quien pone las reglas), el Hierofante (Guía exotérico), y el enamorado (quién deberá decidir entre dos caminos). Todos representan a una persona, a una figura humana con diferentes características. Cuando estos dos ternarios se cumplen pasamos al 7 “El Carro”. Ya la misma palabra lo describe. El Carro está por encima de quien lo conduce. Es el carro el que debe ser descrito en este paso y no su conductor. Es la clara imagen de que la idea ya pasó a estar por encima de quien la emitió. La idea es lo importante y no su mensajero.

No es casualidad que 7 sea el primer número de cualquier maestría. Cualquiera de nuestras ideas ya nos excede y pasa a formar parte de algo mas importante y mas grande.

Todo esto no quiere decir que el deseo y la importancia personal deban ser eliminados de nuestro espíritu, simplemente nos indica cual es la posición en la cual deben actuar.

De acuerdo a la Kabalah Dios creo el mundo con 3 letras simples (Aleph, Mem y Shin), estas tres letras representan a el Agua, el fuego y el aire. Si tomamos al agua como la mente humana creadora y madre de la razón y al fuego como el espíritu, siempre dispuesto a ascender a costas de devorar lo que está abajo, se puede entender mejor aquel concepto del orden del deseo.

El agua busca la horizontalidad. En su estado natural cae y se amolda a las superficies que lo rodean y vuelve a la calma cuando acaba por adaptarse a la nueva propuesta. El fuego produce la agitación molecular necesaria para que el agua pierda ese estado de paz. En la Agitación, el agua convertida en gas se pierde elevándose, en forma desordenada. Esto ocurre cuando la pasión nos domina y ese fuego se vuelve demasiado caliente para perder la cordura. Nunca mejor dicho, echando agua, producimos el enfriamiento necesario para volver a la horizontalidad que necesitamos para la paz.

Esto esta muy bien, pero, de no haber calor y agitación molecular el agua se congelaría y no produciría vida. Ergo el agua necesita del fuego si quiere recorrer un camino, generar vida e incluso para adaptarse a un nuevo medio.

En resumen estimado amigo, es sumamente necesario y especialmente cuando nos hemos decidido por un camino espiritual, conocer profundamente el origen de cada una de nuestras decisiones teniendo en cuenta que no está mal sentir pasión y deseos en algún momento. De hecho son necesarios en su justa medida y en su justo lugar. Para esto no debemos olvidar que la inteligencia no es nada sin la voluntad que la movilice y el tiempo exacto para actuar, el cual tiene un límite, ya que la vida tiene un límite y que ante cualquier problema, asumimos un compromiso de tomar una decisión.

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