La pasión


  • Solemos asociar el término “pasión”, y lo que ello conlleva, a algo sumamente positivo que impulsa, motiva, genera un plus extra, mejora la fuerza de voluntad entre otras cosas. Pero, ¿es eso realmente cierto? ¿Es la pasión una emoción positiva?

    En especial los latinos nos consideramos apasionados, y convivimos con esas emociones como si fueran virtudes. A tal punto que hasta utilizamos términos como “pecho frio” a quien carece de pasión.

    Tomemos esta cualidad, y veamos que tantos beneficios REALES tiene el ser apasionado.

    En principio hay que entender qué significa el término pasión. Etimológicamente quizás no tenga (como muchas palabras en español), mucha relación con lo que nos proponemos a describir. El término pasión proviene del latín passĭo y hace alusión a la “acción de padecer”; lo que supone una “perturbación o afecto desordenado del ánimo”. Es un término emparentado con el griego antiguo πάσχειν (paskhein, "sufrir") y el sustantivo πάθος (pathos) que significa "dolor, sufrimiento, condición, muerte". Del diccionario obtenemos la definición de pasión como: “Sentimiento vehemente, capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón, como el amor, el odio, los celos o la ira intensos.”

    Cuando les preguntamos a las personas de donde viene la “pasión”, una buena parte dice “del corazón”. Si vemos la definición nos vamos a dar cuenta de que no viene de allí, sino que tiene consecuencias en el pecho. Si tomamos el aspecto energético, la “pasión”, proviene de las vísceras. Precisamente cuando asociamos esta emoción a un elemento, no lo asociamos con el “aire” (del pecho, que tendría una relación directa con el amor), sino con el fuego. Acordando entonces que la pasión es fuego y no aire, entonces podemos apreciar que la misma no viene del corazón sino de lo que para los hindúes sería “chakra 3, manipura, plexo solar, sistema digestivo”.

    Al ser la pasión FUEGO, lo que hace es alimentarse de aire. La pasión extingue el aire, es decir, el amor. Se alimenta del amor consumiéndolo en poco tiempo. La pasión, lejos de alimentar el amor, lo consume y lo agota generando relaciones tóxicas que llevan a actitudes tales como los celos, la violencia y situaciones de malestar, ya que lo que se vive apasionadamente no se disfruta… se sufre. Se sufre como el hincha de fútbol que no quiere perder por nada del mundo, se sufre con una pareja a la cual se cela sin motivo alguno.

    Pasion

    Esa exacerbación de fuego en la zona visceral produce, también energéticamente, una evaporación de AGUA, y por consiguiente una dificultad para sentir placer. Las personas apasionadas, lejos de lo que se creen; no sienten demasiado placer, ya que están acostumbradas a sufrir (por esa falta de aire). En consecuencia pretenden comprimir el placer, o condicionar el placer, a la obtención de un resultado determinado o la concreción de un logro. Esa obtención de placer en realidad es un festejo desmedido, que termina a veces hasta siendo violento.

    Hace tiempo que está demostrado que los intestinos son un segundo cerebro, en relación a la cantidad de neuronas incluso, que se encuentran allí, y es por ello que en algunas culturas ancestrales se dice que se piensa desde allí también. Está claro que la pasión NUBLA el pensamiento y NUBLA la conciencia generando ceguera mental, y conduciendo inevitablemente al fanatismo, que como bien lo describen en alguna orden esotérica de la que me voy a permitir tomar la definición “El fanatismo es un extravío moral y la exaltación del culto de una idea.” Esto conduce a su vez, a la superstición (cuando el fanatismo es religioso), al odio, al servilismo (cuando es político) y a ataduras densas de todo tipo, de las cuales hay que soltarse para poder crecer.

    La pasión es la madre del fanatismo, que es quizás una de las más mortales emociones y la abuelita del “sesgo de confirmación”, que es lo que hace que uno elija la realidad que quiere sobre el total, y anule completamente las ideas y las realidades que no coinciden con la que se desea. La pasión, logra hacer que no veamos más allá de lo que queremos ver.

    Creo que es tiempo de dejar de ver a la pasión con buenos ojos, y poner a esta emoción en su lugar. La pasión no es algo favorable ni para las personas y muchísimo menos para las sociedades, y me atrevo a ser muy firme en esto.

    No hay que confundir amor, con pasión. El amor viene del corazón y no tiene nada que ver con la sensación de padecimiento y agonía que genera la pasión. Amar no tiene que ser un sufrimiento.

    Es una cosa extraña pero, son muy pocos los que eligen con que apasionarse. Aunque están los que en el intento por hacerse los poetas con esto y darle energía, dicen que la pasión solo se siente y no tiene explicación… señores, precisamente ese es el problema, y lo peor… eso genera muertos. La pasión no se elige, sino que se hereda. Podríamos hablar de la “pasión”, como una enfermedad cultural hereditaria, casi genética, que mata, de diferentes formas.

    Mata, porque los apasionados son capaces de matar, porque no piensan cuando están sintiendo. Mata, porque los apasionados se dejan morir cuando se les agota el aire en el pecho y se deprimen. Mata, porque los apasionados tienen una muchísimo más alta posibilidad de tener un infarto. Mata porque la “pasión”, es una de las emociones PREFERIDAS para generar enfermedades psicosomáticas.

    Hay una diferencia muy grande también entre ser “apasionado”, y ser “entusiasta”. El entusiasmo es otra cosa completamente distinta. El entusiasmo, implica la alegría de hacer algo y no está apegado a un resultado que “si no está me muero”. Estar EN TU SIASMADO significa literalmente “estar con el alma adentro”, estar completo, estar feliz. Todo lo opuesto a estar apasionado que es estar sufriendo.

    Como sociedad debemos replantearnos estos temas si queremos dejar de ser seres movilizados por impulsos o pretendemos expandir nuestra conciencia hacia un grado evolutivo que nos permita ser más felices, y vivir más plenamente nuestras vidas. En ese camino es en el que se deben quitar las cosas densas, que hacen que quedemos atados a lo terrenal. La pasión es una de ellas, y quizás, una de las que más nos identifica culturalmente. Nuestro gran problema es, que mientras sigamos caracterizando de virtud a lo que en realidad es un problema, continuaremos alimentándola y en tal caso, vamos a seguir dando vueltas en círculos, creyendo que siempre nos va mal, porque situaciones externas nos generan nuestra realidad y que todo siempre, es responsabilidad de otros.

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