Reciprocidad-Ayni


  • Suele escucharse, en algunos ámbitos sociales, frases como “por lo espiritual no se cobra”, y similares que van en la misma línea. ¿De dónde surge ese concepto? ¿Dónde se origina esa idea de desvalorización de cuestiones de índole espiritual?

    En un principio debemos comprender algo fundamental. Los movimientos se producen porque dos manifestaciones energéticas opuestas se enfrentan. Por ejemplo, para que el aire se mueva, se generan choques de masas frías y calientes. Esto se observa también en el yin-yang, símbolo que representa la relación entre ese par opuesto-complementario, necesaria para generar ese movimiento.

    Si llevamos esto a la vida misma, entendemos que no existen derechos obtenidos por sí solos. Siempre que exista un derecho, existe una obligación que lo compensa. En las comunidades andinas dicen “No se puede dar lo que no se tiene”. Para poder dar, primero se debe recibir, caso contrario, no se tendrá nada para ofrecer. Cuando se da “hasta que duela”, la persona se vacía. Cuando sólo se recibe, se termina pudriendo lo que se obtiene porque se pierde movilidad, y con ello, vida. Cuando esto pasa, quien recibe empieza a sentir que quién da, está “obligado” a hacerlo, y siempre lo tiene que hacer, generando así, dependencia. El receptor entonces, se volverá inoperante socialmente, ya que al no devolver jamás lo que recibe, y siempre estar en esa postura, pasa a convertirse en un parásito de la sociedad, que vive a costas de lo que los demás le pueden ofrecer. En consecuencia, el receptor tiende a ponerse exigente en cuanto a su “derecho adquirido”; y, en ocasiones, dicha exigencia se torna violenta.

    El gran problema, es que no existe derecho, sin una obligación que lo haga cumplir. Hasta el mismo derecho a la vida de un niño requiere que haya adultos que cumplan. El derecho a alguien a cobrar una pensión del estado, requiere que haya más de una persona que pague impuestos, y para que esta persona pague impuestos tiene que generar recursos reales y tangibles.

    Cuando esto se vuelva extremo, se obtiene una franja que solamente da, y otra que solamente recibe y el equilibrio se rompe, porque falta reciprocidad o AYNI, como dicen en los Andes. El concepto de Ayni, es similar a la idea de respirar. No se puede exhalar sin haber inspirado, y la inspiración se complementará, largando todo el aire ingresado, transformado en dióxido de carbono, el cual será tomado por las plantas que lo utilizarán para su propia respiración, incorporándolo y emitiendo nuevamente oxígeno. Y es así como el equilibrio se manifiesta. Todos dan, todos reciben y se complementa.

    Cuando el Ayni no se produce, la energía se estanca. Lo recibido, sin ayni, se pudre debido a ese estancamiento. Quien otorga en este caso, al romper el circuito, no puede seguir creciendo y en consecuencia, empieza a morir. Esto se ve plasmado en la falta de crecimiento al faltarle “alimento”, a lo que se producía. Si realizamos la cuenta al revés, comenzando desde el resultado, veremos que aquello que se está moviendo (en si el producto), tiene un precio de “0”, lo cual es el promedio de la valoración de ambas partes. El punto allí es que ninguna de las partes valora lo que se está moviendo.

    Pensemos esto de la siguiente manera. El precio es el acuerdo que se realiza entre la valoración que se le da a algo, por parte de quienes están involucrados en una operación. Eso es, el que da le pone un valor a lo que está ofereciendo y lo expresa. Quién recibe, también le pondrá un valor a lo que va a obtener. Si el resultado de la ecuación es “0”, es porque alguna de las partes no le da valor a lo que se está moviendo. Desde ese momento lo que se obtiene no vale NADA.

    El punto a ver aquí es cuál de las dos partes es la que genera desequilibrio. Si el receptor es quien ha presionado para recibir algo sin darle valor es porque no le interesa realmente lo que ha recibido. Las mismas personas que exigen obtener un curso, un seminario, una sesión o lo que sea de manera gratuita, es porque no confían en que lo que va a recibir realmente le funcione, porque está “probando”. Sin embargo esa misma persona, en general, no tiene problemas en gastar y consumir en cosas que sabe perfectamente que no funcionan. Por eso mismo, no solo se debe pagar SIEMPRE (y con yapa), lo que se recibe a nivel espiritual, sino que además es una falta total de respeto REGATEAR por algo que se va a recibir en esta índole, porque el regateo, está quitándole valor energético a lo que se recibe.

    Derechos, obligaciones, valoracion, precio, ayniNo es importante creer en lo que se va a recibir, pero si es importante salirlo a buscar. Querer tenerlo. Cuando alguien va en busca de cuestiones de este tipo, es porque tiene un objetivo, que puede ser el de sanar, limpiar o crecer. En cualquiera de las situaciones hay que querer hacerlo. Muchas son las veces que no se valoran los trabajos espirituales. Cuando algo no se valora, tampoco se le puede poner un precio. De la misma manera, quien da sin querer obtener nada por ese trabajo, tiene un a resolver de autoestima y de respeto de lo que está en sus manos y entregará sin la reciprocidad correspondiente. En una importante parte de los casos, desconfía de lo que está dando y es por eso que no lo quiere cobrar, asi, de esa manera, no tener que lidiar con las consecuencias de un trabajo mal realizado.

    Dedicarse a lo que sea que uno quiera requiere mantenerse en crecimiento constante y exige responsabilidad en el circuito de dar y recibir. Se debe entregar siempre lo mejor que uno es capaz y responsabilizarse también por el resultado que eso provocó en el receptor. La gratuidad esquiva esa responsabilidad, ya que por esa misma condición y al dejar la ecuación en “0”, quien reciba, no tendrá ningún derecho a reclamo posterior de ningún tipo.

    Si se sabe que algo funciona y soluciona problemas ¿Por qué no se debería cobrar? Muchas veces, se utiliza una falsa idea filantrópica al respecto. Bien entendida, la filantropía, no se trata de dar pescados, frase algo trillada, pero no menos real por eso. Se trata de darle libertad al otro y no atarlo a soluciones mágicas irreales. Si el oferente espera que la magia actúe y no el mismo, es probable que no esté entusiasmado por cobrar, porque aunque sea de manera inconsciente, duda de la eficiencia de lo que está dando y de allí surge el “0” en la valoración.

    No pagar por lo espiritual, es una idea latina, proveniente del cristianismo, el cual, instaló el concepto de “pastores” y “ovejas”, generando dependencia espiritual y energética. Al llenar a sus feligreses de regalos, se induce la falsa idea en la gente de pensar que por no pagar por pertenecer a una iglesia ni por ninguno de sus rituales, entonces no debe pagar por nada espiritual.

    Allí es donde el error se origina, ya que por la opresión que se vive por parte del cristianismo desde el Concilio de Nicea en Roma, son los Estados los que ponen el dinero para que eso funcione, es decir que, quienes pagamos impuestos, ponemos el dinero para los católicos sigan creyendo que su culto es gratuito. Al menos en países como Argentina, que incluso hasta constitucionalmente, está establecido que un cura gane lo mismo que un Juez (así de ridícula es nuestra sociedad).

    Esta misma sociedad que permite estas cosas, es la que cuando sale ilusoriamente de la religión, pretende que todo lo demás funcione con los mismos valores. En ese caso, si no pagabas por ir a misa, ¿por qué vas a pagar por lo que la reemplazaste?.

    Esto le da a la religión una ventaja, inalcanzable. Es imposible ponerse a la misma altura cuando hay tanto derroche de recursos, ya que si bien el catolicismo tiene el aporte de “parte” de sus seguidores, tiene asegurada la base en las exenciones impositivas y en los subsidios que recibe que sobrepasan en GRAN NÚMERO, a lo que reciben de donaciones de miembros que también las hacen sin pagar impuestos, es decir, hasta lo que reciben de parte de su gente, lo hacen, quitándole al bien común.

    Este círculo vicioso, genera una estructura mental muy difícil de tratar. Nunca la gente ha recibido nada gratis, sin embargo exige a quienes no forman parte del circuito religioso que les otorgue herramientas espirituales sin pagar. ¿De qué manera se sostiene? ¿De qué manera pueden sostenerse agrupaciones para hacer crecer disciplinas?

    Un amateur ocasional, un entusiasta que solo le da a una disciplina unas horas a las semana, no podrá tener la misma capacidad que un profesional de dedicación exclusiva. ¿Alguien en su sano juicio se haría operar el cerebro por un neurocirujano que aprendió en dos fines de semana y que lo hace gratuitamente porque no se debe cobrar por la salud y que solamente trabaja ocasionalmente? Podríamos llevarlo a terrenos más burdos incluso. Pero el profesionalismo viene de la especialización. Y así como no le entregaríamos nuestro cuerpo físico a un médico mal formado, es difícil creer que alguien le entregue su cuerpo energético y su camino espiritual a personas sin formación, o con la misma, limitada a unos pocos fines de semana, o que se dedican muy ocasionalmente al asunto, y que además ni siquiera lo valora.

    La gratuidad es una de las ilusiones más grandes de occidente. Cuando uno recibe algo gratuito automáticamente se convierte en producto. Piensen sino en las cuentas de mails o redes sociales. Se acepta recibir un producto gratis, una cuenta en este caso, que le permitirá enormes beneficios. ¿A cambio de qué? Claramente de tus datos personales, y de la visión de comportamiento en las redes. De esa manera se acepta el convertirse en un prospecto de venta de otros actores que compran esas bases de datos. Ya no se trata de desconfiar, de que busca obtener alguien cuando entrega algo gratis. Se puede tener la certeza de que un precio por eso siempre hay, y que siempre hay alguien que lo paga.

    Para convivir en sociedad debemos saber hacer algo, por lo que el resto de la sociedad nos valore y nos permite que lo hagamos a cambio de que se nos den los recursos para poder obtener otros, que diferentes personas generan de la misma manera y que nosotros no somos capaces de producir. La espiritualidad no es ajena al resto del ritmo social.

    Quien va a entregar debe honrar eso que recibió previamente. Así lo estará haciendo consigo mismo y con el linaje que lo precede.

    Quien va a recibir debe entregar algo a cambio, al mismo nivel de lo que se va a obtener. Si la expectativa de lo que se va a recibir es baja, entonces vendrá la desvalorización y el regateo, que trae a la operación en conjunto, densidad energética, peso y muy malas vibraciones, considerado en este campo, una falta de respeto.

    Es importante acordar entonces, un precio justo, promedio de las valoraciones que se le da a lo que se movilizará. Y no se trata solo de dar sobras o lo que se cree que se puede, sino de dar algo que el otro valore de la misma manera y en “equilibrio”, con lo que se va a lo que se va a recibir.

    La misma energía que va, es la que debe volver. Misma intensidad. Misma frecuencia para que de esa manera y se mantenga el equilibrio.

    Dar y recibir, recibir y dar… todo es parte del movimiento necesario en materia energética para que las cosas no sólo se produzcan, sino que crezcan, mejoren y sobre todo, que se mantengan y puedan trascender una generación más. Caso contrario corremos el riesgo, que por vaciarse, se pierdan.

    El entregar lo que corresponde por lo que se recibe, en la misma proporción, con el valor que corresponde a toda la operación, en su última instancia libera. Por el contrario, al recibir sin pagar lo que corresponde, genera ataduras energéticas, que se transmiten a lo emocional y que se plasman siempre en algo negativo. El Ayni es el que rompe esa cadena. EL Ayni libera el espíritu.

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