Ideologias

Abstraerse de la dualidad propuesta, así… como suena… es uno de esos tips que vivimos escuchando todo el tiempo, y que tienen que ver con la disciplina en sí misma y con el tratar de llegar a esa tan preciada UNIDAD.

¿Cómo se explica en un sentido práctico qué significa pasar de la dualidad a la UNIDAD? Y la otra pregunta interesante, ¿Cómo evolucionamos expandiéndonos de esa idea?

En principio surgen las ideas, estas son propuestas por nuestra mente y vuelan todo el tiempo, cuanto más presentes estemos y mayor contacto con la realidad tengamos, más flujo habrá. Un ejemplo de personas con muchas ideas son los artistas, los cuales construyen su profesión desde las ideas y cuando vemos a un gran artista, entre los muchos calificativos que les otorgamos, está el de ser una persona “sensible”. Un artista es una persona que al sentir la realidad desde una óptica distinta, genera nuevas propuestas.

Las ideas también pueden ser a veces no propias sino tomadas del entorno e incluso hasta creer nosotros mismos que fue algo que surgió de nuestra propia mente cuando simplemente algo estaba por ahí y lo capitalizamos expresándolo.

No siempre una idea es un asunto propio. Aun así, la idea es algo maleable, modificable casi instantáneamente. Un ejemplo es: tengo sed, y me surge la idea de tomar agua, alguien me ofrece un jugo de naranjas recién exprimido y automáticamente cambio el plan. La idea original es modificada, sin ningún problema aparente.

Muchas ideas en concordancia generan una opinión. Las opiniones son rígidas y ya tienen una estructura. La opinión contiene un juicio, es una decisión de cómo es tal o cual cosa. Generalmente las opiniones no se pueden discutir, se presentan y se someten al juicio de quien tiene una posición contraria. A diferencia de las ideas, en este caso la opinión no es, ni tan maleable, ni tan cambiable de forma automática. Lo que suele suceder es que una vez que han sido presentadas, los interlocutores se separan y luego de un análisis de toda la exposición, ambos toman una parte del otro replanteando su postura.

A dicho estado de rigidez, en la opinión, no hay que verlo como algo negativo. El juicio es el último paso para el plasmado de una idea o de pensamiento. Concretamos en base a una decisión previa. Un ejemplo sería que tenemos una pared y nos surge la idea de pintarla porque, al natural, se ve fea. Ya opinamos que es desagradable y, al existir un juicio, le seguirá la acción de pintarla. Si solo nos quedasemos en la idea, no habría acción.

Cuando las opiniones se arraigan empiezan a dar espacio a similares que convergen y se transforman en creencias o ideologías. Las creencias generalmente son programadas en los seres humanos cuando somos chicos, en especial las religiosas, por eso son tan difíciles de remover cuando son limitantes y debemos quitarlas. Las ideologías se encuadran más en la adolescencia, cuando, por querer formar parte de un grupo determinado aceptamos un paquete de valores en escala y con una estructura completamente rígida.

La ideología no se modifica en sus bases, ya que se determina a sí misma como una interpretación de lo real y es aceptada como VERDAD por parte de sus seguidores. Semánticamente el concepto tiene dos períodos. El primero de ellos vertido en 1796 por Destutt de Tracy, quien se refería a la ideología, casi etimológicamente, como el estudio de las ideas. Hacia mediados del siglo XIX es Karl Marx quien alimenta el concepto, dotándolo de contenido epistemológico, re definiendo el termino como el conjunto de las ideas que explican el mundo en cada sociedad en función de sus modos de producción.

Si fuera solamente algo descriptivo sería de gran utilidad, pero el problema surge de la rigidez de las ideologías que se alimentan de un proceso Ideologíasneuronal que se llama “Sesgo de confirmación”, mediante el cual una persona con una fuerte posición, solamente tiene ojos para ver lo que le confirma la suya, y el resto ni siquiera puede verlo, y de hacerlo, le resta importancia. Pongamos por ejemplo las sociedades con gobiernos completamente corrompidos, donde los seguidores de dicho espacio, en un principio, son incapaces de observar esa realidad. Se niega esa verdad, pero cuando ya no es posible ser negada, se justifica mediante un “son todos iguales… todos roban”. Otra forma en que se manifiesta el sesgo confirmatorio, es cuando se selecciona el material con el cual instruirse o informarse. La tendencia, en el caso de una persona con fuerte creencia, va a ser nutrirse de material (libros, revistas, tipos de noticieros, etc.), que no lo saquen de su zona de confort, así es como en el caso de una persona que cree por ejemplo en la religión católica, y no tiene intenciones de someter a juicio su creencia para sí misma, no leerá nada que contradiga su posición. Esto sucede a tal punto que de acuerdo a ya varios estudios realizados en todo el mundo, son las personas que más se apegan a su fe, las que menos conocen de religión, incluso de la propia. Solo para citar uno de los trabajos, una encuesta realizada por el Foro Pew Research Center (para la Religión y la vida Pública), sobre conocimiento de religiones, hechas preguntas básicas sobre todas, quienes más alejados estaban de los dogmas fueron quienes más conocimiento demostraron. En ese caso fueron los ateos en primer lugar y los agnósticos en segundo los que se destacaron. El mismo estudio arrojó que cuanto más alto era el nivel de estudios académicos, más se alejaba la persona de las creencias religiosas.

Esta última nota, es simplemente un dato duro científico, que, muy probablemente, por el mismo sesgo de confirmación, será cuestionado por las personas religiosas, quienes al criticarlo, desestimarlo o tratar de “herejes” a los autores del mismo, estarán confirmando el punto antes expresado. El punto interesante allí, para quienes estén molestos con este dato, es ponerse a pensar si realmente tuvieron la posibilidad de elegir la religión que profesan, si se tomaron el trabajo de estudiarlas a todas antes de elegir una, o si simplemente la aceptaron por la propia cultura.

Vamos a poner ejemplos bien claros de la actualidad en cuanto a la ideología. En el caso de lo que podríamos llamar “ideología de izquierda”, cuyo principal valor es la igualdad social, el cual está en el tope de la escala y no se puede quitar de allí. En segundo nivel tenemos la lealtad.

Por la ubicación del segundo valor ya estamos en un problema, porque la lealtad como valor tan alto, implica una ausencia total de revisión de las ideas y opiniones y un estancamiento del status quo, lo cual termina generando desigualdad, lo cual es una paradoja. La lealtad al mando, trae implícito un orden que de por sí ya es desigual. Además de esta paradoja, al estar el valor “igualdad” por encima de los demás, se termina yendo en desmedro de la libertad, de la verdad, de la vida o de otros valores que podrían ocupar posiciones altas en una sociedad. En muchas ocasiones en los países donde la ideología de izquierda es fuerte, se coartan libertades, en especial la de expresiones opuestas, los artistas pasan de ser creadores de nuevos paradigmas a ser propagadores de la ideología, se fraguan los números estadísticos, se le miente a la sociedad en pos de construir un enemigo al que hay que derrotar, y hasta la vida deja de tener un valor primordial. Incluso quienes están más apegados al esquema son capaces de dar su vida por esa “causa”.

Si pendulamos y nos vamos hacia el otro extremo, en una ideología que podemos considerar de “derecha”, observamos que principal valor es el orden y también ubica a la lealtad en la segunda ubicación (los extremos siempre se tocan). En este caso el status quo es aún más marcado, y esa tendencia a un orden estricto atropella otros valores como la igualdad perseguida por la izquierda, la vida y la libertad. Ejemplo de esto son las monarquías que instalan un orden y una estructura social determinada o las dictaduras militares que hasta el día de hoy perduran en algunas regiones del mundo.

Entre ambos, podría llegar a verse a la izquierda con valores más nobles, pero en la actualidad no tiene razón de ser y tiende a ser completamente anti democrática en los lugares en donde se dice aplicar.

Ambas ideologías no pueden convivir en equilibrio, están completamente inmersas en un mundo violento y enfrentadas cada una a su némesis, combatiéndose la una a la otra y necesitándose mutuamente para existir. A tal punto se necesitan, que cuando la otra no está, se inventa una oposición imaginaria, para la ejecución de una revolución más imaginaria aún.

Hoy en día las ideologías de este tipo están muriendo y en su proceso de duelo. El mismo proceso se inicia con la negación de la muerte al principio; siguiendo por la bronca que se expresa en violencia en la calle en algunos lugares; luego aparece la negociación aunque sin nada para ofrecer; más adelante llega la tristeza y la angustia por la pérdida de la misma; para que finalmente llegue a su fin con la aceptación de que las ideologías de este tipo atrasan dos siglos a la humanidad en su conjunto.

El alcalde electo más joven en la historia de la Provincia de Buenos Aires (Argentina), Martín Yeza, con 29 años al momento de ganar la intendencia de su ciudad (Pinamar), en un reportaje televisivo dijo una interesantísima frase al respecto que fue: “El mundo ya no se divide entre izquierdas y derechas sino entre las personas que se dan cuenta y las que no”.

Hoy la tendencia más vanguardista, inspira a cambiar la ideología por un ideario, donde la igualdad social, la libertad, el orden, conviven en el mismo espacio junto a la vida, la verdad y otros no tenidos en cuenta por las tendencias anteriores. En un ideario todo es importante, y es el BIEN COMÚN el que define que es necesario priorizar en ESE momento preciso. Así es como la libertad será un valor con su límite en no alterar el bienestar de los demás, la verdad será importante, siempre y cuando no sea necesario guardar un secreto por algo superior como la justicia (el secreto de sumario por ejemplo) y la vida será un valor siempre y cuando sea la humana y la de los más próximos a mi propia cultura. Aún tenemos que trabajar mucho en eso.

Un ideario a diferencia de una ideología, no establece un orden fijo, sino que es dinámico, como lo son las sociedades actuales que permanentemente están cambiando. Hoy el acceso a información ilimitada destierra la idea de que alguien pueda ser absolutamente convencido de una idea por un medio de comunicación. Hace 30 años una persona accedía a uno o dos diarios, si vivía en un pueblo, a una sola radio y en el mejor de los casos a dos canales de televisión. Hoy la información que te pasan en la tele, ya la viste dos días antes en internet. El único limitante para el acceso, es el propio sesgo de confirmación que producen las ideologías que hacen que una persona no quiera informarse. Pueden quedar algunos espacios en donde no llega internet, y solo exista una radio, o un canal de televisión, pero cada vez menos y tienden a desaparecer.

La mayor parte de la población tiene acceso a mucha información sobre el tema que quiera. No es tan fácil engañar a una población completa como se lo hizo en aquel julio de 1938 con la invasión de OVNIS en Estados Unidos producida por Orson Welles, o en 1982 cuando al pueblo argentino desde los medios se les hizo creer que la guerra en las Malvinas se estaba ganando.

Lejos está hoy el mundo de ese tipo de maniobras. Queda tan solo el recuerdo, y el problema concreto de muchas personas que siguen creyendo que eso es posible y de esa manera subestiman a la población y sobre estiman a los medios de comunicación.

Utilizando la disciplina como modelo, Mikao Usui Sensei, realizó este trabajo de salirse de las ideologías para buscar algo superior.

Japón tuvo dos grandes ramas (y ambas que se encontraban en el shintó), ideológicas. Una encabezada por los Samurais, muy enraizada al bushido, en la cual la VERDAD era el valor supremo. Un Samurai daba su propia vida con tal de llegar a la verdad. Ningún otro valor era tan importante como ese. En contrapartida estaban los Ninjas, con más cercanía al Yugendo, en donde la VIDA estaba por encima de todo. Un Ninja era capaz de mentir y engañar para salvar una vida, en especial la propia.

Estos dos grupos estuvieron enfrentados por siglos, a pesar de tener una filosofía de base común (el shintoismo).

Mikao Usui toma técnicas para la disciplina principalmente Ninjas, pero no deja de lado el orden de los Samurais. Hay influencias de las dos corrientes en el Reiki, y en una época bastante difícil para realizar esos sincretismos.

La gran virtud de Usui fue que la disciplina no se construyó en base a una ideología, si no en base a principios. Los principios son conclusiones en sí mismos, pero sirven de puntos de partida para poder moverse. Estos principios simplemente son el marco necesario para que el cuadro que queramos pueda ser pintado.

En la sociedad occidental actual, el ideario republicano y democrático, coloca a las instituciones por encima de las personas que las conducen.

Termina siendo el mismo sistema, si funciono correctamente, el que determina que hacer. Este ideario que viene de antaño, aún tiene mucho por desarrollar, precisamente porque se contamina de ideologías que tienen la libertad de proliferar allí y que terminan siendo contrarias a la base, en muchísimos casos.

La expansión de la conciencia es la clave de todo. Usui logró unificar ideologías en una disciplina que hoy trasciende las fronteras de Japón. Nosotros podemos expandir la nuestra, quitando las ideologías del medio, superando la dualidad en la que estamos inmersos colaborando entre toda la humanidad para lograr el sueño de Usui de ser una unidad, o el de John Lennon de un mundo sin fronteras, las que siempre arrancan, en las cabezas de los hombres, ya que la naturaleza, no tiene idea de dónde termina un país y comienza otro.

Es mucho más lo que nos une de lo que nos separa, y finalizo repitiendo las palabras del joven alcalde; "tan solo estamos divididos entre quienes se dan cuenta de esto, y los que no".