Ser de conocimiento
  • Entender el universo, el mundo, nuestro entorno, la vida y hasta llegar a entendernos a nosotros mismo. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?, son las preguntas usuales en el camino, las cuáles en su respuesta nos van a encerrar un conocimiento aún más interesante… ¿Cómo vivimos?

    De la respuesta al cómo vivimos es que surge una filosofía de vida. Una serie de valores, principios, metodologías que construyen al Ser que estamos encarnando.

    Estas premisas que nos muestra el sentido común, terminan llevándonos a esa búsqueda constante de conocimiento, de saber más y más cada día, y de ir aprendiendo como aplicar.

    Por eso me atrevo a decir que existe una filosofía de vida reikista. Una forma que además de ver el Universo como una unidad energética, incorpora una forma de vivir nuestra existencia en esta dimensión.

    Es por eso que la disciplina tiene una etapa Rei y una etapa Ki. Una etapa de toma de conocimiento y otra consecuente a ésta que es de aplicación de los mismos, y que incorpora en esa idea fractal de las cosas. En esta segunda etapa, también hay aprendizaje e incluso, en muchas ocasiones, surge que la aplicación práctica de un nuevo conocimiento nos otorga en esa experiencia, la posibilidad de seguir obteniendo más. Y es así que la rueda de aprendizaje se convierte en un bucle espiralado ascendente donde cada acción que se realiza, con el foco ubicado correctamente en el tiempo presente, entra en una dinámica de constante y constante y constante toma de conocimiento. Esta idea de una etapa de plasmado, en la cual también se obtiene conocimiento. sería el Rei, dentro del Ki, que no es diferente a la idea del día existente dentro de la noche, o si lo vemos en un símbolo es el círculo negro dentro del área blanca del Yin-yang.

    Existe, de todas formas, en este equilibrio formado por el aprender y aplicar, una condición que parecería desproporcionada para el observador de esta propuesta de método, y tiene que ver con que tiene mucho más de aprendizaje la aplicación, que la obtención teórica del mismo. Y esto se debe a que la experiencia es una forma muy eficiente de obtener conocimientos. Sin olvidarnos que estamos en una dimensión densa y dominada por la materia. Es lógico, pensar que el conocimiento será mayor, cuando mayor plasmado concreto exista.

    Carlos Castaneda dice, que el hombre de conocimiento tiene enemigos a vencer, para alcanzar esa meta. En “Las enseñanzas de Don Juan”, propone un esquema en el cual para llegar al conocimiento hay que vencer el miedo, la claridad, el poder y la vejez. Tomando por válido el concepto, vemos al miedo como el primer obstáculo al cual hay que enfrentarse. Aquí debemos hacer un parate en el relato para aclarar que enfrentarse, no significa combatir. Enfrentarse es ponerse adelante con el objetivo de darle solución. No hay que confundir enfrenar con confrontar o combatir. De allí surge también que el miedo genera mecanismos para manifestarse que tienden a esconderlo utilizando, excusas, chicanas y metodologías que tienden a esquivar el ponerse delante de una nueva estructura de pensamiento desestabilizadora.

    En este punto encontramos que una de las formas más comunes de expresión del miedo es la creencia. La creencia es un limitante del conocimiento, ya que la misma coloca un límite de “hasta donde me corresponde saber”. La creencia determina que las cosas son de una determinada manera, por lo cual, la respuesta a la pregunta ya está al alcance, en consecuencia, ya no hay nada más que aprender acerca del tema en el cuál hay una creencia.

    La creencia hace que el poseedor de la misma, ocupe su tiempo y energía en la defensa de la misma y no en la búsqueda de la verdad.

    A tal punto sucede esto, que muchas creencias completamente irracionales y ridículas, pueden mantenerse en el tiempo, tan solo porque las personas que las llevan consigo, están más preocupadas en defenderla que en saber la verdad de las cosas. Entonces se someten a situaciones aún más irracionales todavía como son la aceptación de argumentos esgrimidos desde la inexperiencia. La búsqueda de esquemas lo más suaves posible para no tener que enfrentarse o demorar lo que más se pueda, el llegar a tener que, tan siquiera, poner en tela de juicio la creencia. Buscar atajos para convertirse en autoridad, sin experimentar, es otra de las formas que se encuentran para evitar llegar a conocer, y esto impulsado por el mismo miedo al conocimiento. Esto movilizado por creer que al convertirse en autoridad, lo que se diga va a ser tomado como real, independientemente de que lo sea o no. De allí el apuro a querer llegar a ocupar posiciones lo más rápido posible, precisamente, para imponer la creencia, en lugar de buscar la verdad.

    Las generalizaciones, sincretismos entre elementos completamente antagónicos, las simplificaciones quitando elementos para adecuar la realidad a la creencia, no son más, que claras actitudes de la manifestación del miedo a la verdad, que tiene como máxima expresión, la defensa férrea de un creencia, a puntos tales, que llevan a las personas a ponerse hasta violetas en defensa, a veces, de la nada misma.

    Al llegar a la verdad sobre algo, en algún punto aunque más no sea, con las cosas más simples, nos vamos dando cuenta que la verdad en si, es incuestionable, absoluta e inalterable. Por ejemplo, si yo tengo puesto un par de zapatillas marca adidas, la marca es adidas, no es ni nike, ni reebock ni pirelli. La marca es adidas. Puede ser que alguien interprete el logo como el de otra marca y se confunda creyendo que es así. Si la persona está convencida de que la marca es “ardidas” y estructura su mente a esa creencia, no solo va a tomar un concepto errado sino que además va a tomar decisiones equivocadas sobre una base de conocimiento equivocada. La creencia puede que esté acertada o no, pero siempre va a limitar la capacidad de llegar a la verdad. Puede que quien crea en “ardidas¨, esté tan convencido que se ponga violento ante la situación de la propuesta de alguien sobre la marca se escribe y se pronuncia de otra manera. Si la persona defensora de la creencia está aún más segura de su creencia producto de la “fe” en ardidas, no solo va a defender la idea, sino que además va a tratar de difundirla y hasta “evangelizar”. Va a eliminar toda intención de razonar sobre otra posibilidad porque ya se acomodó en una posición cómoda. Y la mejor forma de defensa de una posición, sea real o no, sea válida o no, es la fe, la cual niega cualquier posibilidad de alternativa a la creencia sostenida.
    La fe, en ese caso, lleva la ceguera a un escalón más elevado, impidiendo seguir buscando. Es así como la creencia, y la fe, van poniéndole un límite a la búsqueda de la verdad.

    Cuando la creencia es amenazada entonces la reacción natural es la confrontación, generalmente alimentada por la pasión, que como todo fuego, solo consume, y el fanatismo cegador que impide completamente ver mas allá de la zona cómoda. El creyente siempre confronta. Quien opina, escucha, y responde argumentando desde su opinión, teniendo siempre la posibilidad de establecer un intercambio de ideas que modifique total o parcialmente el concepto propuesto. Quien opina nunca se siente el dueño del concepto sino solamente un portador del mismo, por eso no se compromete con la férrea defensa del mismo, como si lo hace el creyente, que va desde el intentar imponer su concepto por la razón, hasta matar por “ardidas”. Eso es debido a que quien opina, le importa saber la verdad y no está buscando tener razón, sino solo saber la verdad.

    Cuando al creyente defensor de “ardidas” se le plantea una hipótesis diferente a su creencia, sintiéndose amenazado su concepto, ataca. Pero como la verdad es inalterable, solo queda, como única opción, atacar a quien plantea lo opuesto. Se ataca al mensajero, con la falsa idea de que eliminado el portador del mensaje, la realidad vuelve a ser la que cree. Entonces si no hay nadie que diga que las zapatillas son “adidas”, entonces la realidad es que las zapatillas son “ardidas”, y como la verdad es relativa de acuerdo a este concepción de la vida, como todos tienen derecho a creer en lo que se quiera, como hay que respetar las creencias de todos, entonces se traza que del tema no se vuelve a hablar más y a partir de ese momento quien diga lo contrario a que las zapatillas son “ardidas”, va a estar ofendiendo y generando violencia.

    Esto visto asi parece bastante ridículo. En mi concepción no solo lo parece… lo es.

    En la vereda opuesta están quienes buscan en serio conocimiento. Los que se sienten excitados cada vez que un aprendizaje nuevo parece. Los que disfrutan del aprender, del conocer, del saber.

    Por lo general, estas personas tienen muchas más certezas que quienes basan sus conocimientos solo en creencias. Y cuando no es así, termina siendo solo circunstancial, porque en el largo plazo, quien busca la verdad ausente de prejuicios y creencias, inevitablemente llega a conocer más que el que se limita en lo que quiere creer. ¿Suena bastante obvio no?.

    La forma, y la característica general de las personas que se embarcan en el camino del conocimiento, es que disfrutan del asombrarse. La búsqueda permanente de nuevos conocimientos se ve compensada con el placer sin igual del asombro al momento en que “la ficha cae”. Ese instante de placer solo puede ser replicado por otro nuevo conocimiento, llegando prácticamente en convertirse en una gratificante y productiva adicción.

    La adicción al asombro que proponen algunos filósofos panteístas, es una condición saludable para la búsqueda de conocimiento y por consiguiente de la búsqueda espiritual. Buscar estar en permanente estado de asombro y placer por el mismo. Sorprenderse de la magnitud del universo, del crecimiento de una flor, de la inmensidad de la que estamos rodeados. El asombro nutre nuestros pensamientos de forma tal, que cada vez que ocurre, una pequeña explosión impacta nuestras neuronas haciendo que debamos readaptar todas nuestras posturas.

    Las personas que están en esa búsqueda permanente de nuevas experiencias que asombren, viven en un estado de permanente gozo por el solo hecho de estar vivos y tener la posibilidad de experimentar todo el tiempo. Esta adicción por el asombro va acompañada de una obsesión por la verdad. El hombre de conocimiento no va a querer nunca vivir adentro de una burbuja protegido de eso que se supone, es real. Y aunque en principio salir de la misma o tan solo expandir las fronteras de esa burbuja genere algún tipo de resistencia o dolor, aun así, se busca, porque la verdad puede doler inicialmente, pero quien vive de esa manera, sabe muy bien que solo en la verdad se encuentra la belleza, el placer y finalmente, la tan ansiada libertad.

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