Existe una creencia, la cual ya podríamos catalogar como un “mito urbano”, que indica que la tierra ha cambiado su vibración y que actualmente el día tiene 16 horas.

Esto no solo ha llenado las redes sociales, sino que además, ha sido levantado por muchos periódicos alrededor del mundo, que al necesitar alguna nota de color, se han hecho eco de esto y lo han publicado sin siquiera un chequeo con alguien que sepa del tema. Eso es comprensible en las redes, donde son muchas las personas que republican información, incluso de portales que generan noticias en broma, pero como suenan posibles, lo hacen, pero en alguien que oficia de periodista es inaceptable.

ASPECTOS CIENTÍFICOS

En principio tenemos que establecer un par de patrones y saber cómo se obtienen los datos que manejamos. La tierra gira sobre su eje en ciclos que duran exactamente 23 horas, 56 minutos y 4,0916 milisegundos, a una velocidad de 1673 km/h. A esto lo llamamos “tiempo sidéreo”, el cual es medido por el movimiento diurno aparente del equinoccio vernal o de primavera. Esto se diferencia del tiempo o día solar, que se define por el tiempo transcurrido entre que el astro se encuentra en el cenit en dos días consecutivos, el cual da aproximadamente 24 horas. La atracción de la Luna, genera a su vez un leve cambio en el tiempo sidéreo, por lo cual los días no solo no se acortan con el correr del tiempo, sino que se éste se incrementa en 2,3 milisegundos por siglo.

Esto es científico y más allá de alguna mínima variante que pueda obtenerse entre observatorios, los datos son muy precisos, y no resisten demasiado análisis.

Primero Nikola Tesla, lo predijo teóricamente, pero recién en 1952, el físico alemán Otto Winfried Schumann, predijo matemáticamente la existencia de picos en las bandas ELF (siglas en inglés que simplifican Extremely Low Frequencies, traducido: “frecuencias extremadamente bajas”) del espectro electromagnético de la tierra. Existe un espacio entre la superficie de nuestro planeta y la ionósfera que se ubica entre los 80 y los 500 km. de altura, la cual hace las veces de guía para las ondas electromagnéticas, que a su vez actúa como una “cavidad resonante” para ellas. Estas cavidades son excitadas por los relámpagos. En 1960 se realizó la primera presentación de este tema y a la frecuencia más baja pero a la intensidad más alta se la nombró en honor al físico alemán Frecuencia Schumann, la cual se sitúa en 7,83 hz.

Pero más allá de lo que se conozca popularmente como Resonancia Schumann, la lista de armónicos es más amplia, esos picos también tienen 14,1-20,3-26,4-32,4 hz. Solo la más baja de ellas es de 7,83 hz.

Casualmente esto coincide en algún punto con lo que conocemos como Ondas Alpha cuando medimos frecuencias cerebrales de relajación profunda y un estado de bienestar. Algo que si bien Silva lo imprime en su famosísimo método, trascendió sus publicaciones y actualmente es estudiado por las neurociencias actuales y tenido en cuenta por diferentes disciplinas tomadas con seriedad, aquellas que no excluyen a la ciencia, ni se colocan en pie de guerra ante ella. Cabe recordar que la primer investigación con un electroencefalógrafo, realizada en humanos, fue llevada a cabo por el neurólogo alemán Hans Berger, quien en 1924, descubrió, tras el consentimiento de un paciente con quien pudo utilizar este equipo, y publicó en 1929 sus resultados, entre los que se encontraba una actividad eléctrica sincrónica y coherente de las células cerebrales de la zona del tálamo, que oscilaba entre los 7 y los 14 hz. A esto, es lo que llamamos ondas Alpha o más conocidas en el ambiente científico como “ondas de Berger”, las cuales se originan en el lóbulo occipital durante una relajación profunda. Esto es esencial para quienes practican meditación o realizan Reiki, ya que allí está la demostración de la eficiencia indiscutible de estos métodos cuando son tomados seriamente y sin misticismos. Pero no hay que confundir una coincidencia, que puede tener muchas explicaciones y que es motivo de estudios serios, con una causalidad y muchísimo menos atribuir características no demostradas ni demostrables a fenómenos naturales.

EL BULO DE BRADEN

En el año 2008, el escritor estadounidense Gregg Braden, conocido por varios libros tales como “el código de Dios”, “El misterio del 2012”, “la curación instanténea de las creencias”, afirmó categóricamente que un estudio alemán (del que se desconoce con precisión), en 1980 había descubierto que las ondas de resonancia Schumann habían variado y habían aumentado de 7,83 hz. a 12 hz. Utilizando una regla de 3 simple, Braden, afirmó que por esto, el tiempo en la tierra paso de 24 a 16 horas, y es por eso que sentimos que el tiempo es cada vez más corto.

Varios diarios a lo largo del mundo levantaron esto como noticia, e incluso, cada tanto se repite en alguna desprevenida sala de edición. Periódicos considerados muy serios como “La República de Perú”, afirma que la investigación está realizada por el mismísimo Schumann (http://larepublica.pe/mundo/717311-cientifico-afirma-que-la-tierra-gira-mas-rapido-y-el-dia-tiene-16-horas), lo cual no vamos a decir que es imposible, solo… poco probable, ya que el Dr. Schumann falleció en el año 1977, y no tenemos aún registros de personas que hagan investigaciones desde el más allá. Siento mucho mencionar solo a ese periódico, ya que son varios los que levantan la noticia de esta manera, solo tomo este, porque es el primero que vi.
Es necesario decir, que no existe ninguna relación entre la resonancia Schumann y la percepción del tiempo. Tampoco es real que esto haya cambiado, ningún observatorio astronómico en el mundo, ninguna Universidad tampoco, han dado la noticia de tal cambio haya ocurrido, pero de hacerlo, no implicaría un percepción distinta del tiempo.
Por esto mismo, en el ambiente científico esto es conocido como "hoax" en inglés o "bulo" en español, que no es más que una noticia falsa, que intenta colocarse en la sociedad como real. Internet está plagada de estas cosas.

LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO

No está del todo claro aún el por qué percibimos el tiempo como lo hacemos, pero si sabemos que cuando somos niños el tiempo transcurre de manera muy diferente a cuando somos adultos. Existen diferentes teorías al respecto, en las cuales podríamos adentrarnos tales como la de la “subestimación del tiempo transcurrido”, la cual hace referencia a que la distancia en tiempo a eventos significativos es cada vez más larga cuando lo mensuramos, nos da la sensación de que todo pasa volando, ya que el cerebro tiende a agrupar los recuerdos similares en uno sólo. Es mucho más extensa la explicación, pero esto explicaría parcialmente porque nos da la sensación cuando vamos creciendo que el tiempo pasa con mayor rapidez. Es un efecto de nuestro cerebro y nada tienen que ver las resonancias Schumann al respecto.

Otra de las teorías, indica que cuando estamos aprendiendo, el tiempo se hace más lento. Por eso cuando somos chicos y tenemos muchísima más neurogénesis (formación de neuronas), ergo, mayor capacidad de aprendizaje, el tiempo transcurre más despacio. Sucede también en eventos significativos, tales como un accidente de tránsito, en el cuál el cerebro toma muchísima nueva información y en el recuerdo, ese momento que duró apenas unos segundos, se reviven como si hubieran pasado horas.

La percepción del tiempo es todavía un gran misterio envuelto en enigmas y tapado por diferentes creencias. En concreto, es muy poco lo que sabemos realmente al respecto. Falta mucho por estudiar, y apenas estamos al principio.